Por Ana Quiroz

El trabajo de Angelina es la creación de una realidad propia que enfría el instante en la masa de tierra y agua, sin emulsionarlo en papel fotográfico.

Cual relieves volátiles emergen las siluetas de pequeños cuerpos humanos sobre superficies delgadas de terracota.  El agudo ángulo de su visión y su talento pueden fácilmente esgrafiar sobre estas láminas modeladas de tierra húmeda las almas insólitas de una contemporaneidad absurda.  En todos estos fragmentos adelgazados se repite una constante paradoja sobre la circunstancia débil y fuerte, y el carácter efímero de la naturaleza humana.  Entrar en su obra es penetrar en escenas lúdicas de este género de primates que formamos los humanos, una carrera indefinible hacia algún lugar, el tiempo público y privado y la risa que otorga la imaginación.

Angelina concibe el espacio como un origen único y libre, la idea de una escultura ¨desatendida¨ permite a los espectadores balancearse hacia atrás y hacia delante reorganizando los grupos a voluntad.  Estas figuras acompañadas y solas, hoy en la pared o en el piso, mañana en otra parte, se topan con los escenarios maleables creados con objetos normalmente inútiles.  Los personajes casi imperceptibles vistos desde algunos puntos.  Son seres que nos hacen dudar de su propia sustancia físca.  El acabado de las figuras exaltan la vida perecedera y momentánea.  Esa corporeidad de mantequilla explota cuando el barro pierde su cualidad común, dominando lo frágil, lo flexible y lo temporal.

Cada personaje evoca muchos recuerdos de nuestra sociedad contemporánea.  Sus funciones están irónicamente prescritas en la postura, el atuendo, el peinado, etc.  Estos elementos que nos distinguen y hacen únicos, son los mismos que estereotipan o dejan fluir al incógnito entre las masas.  No hay nada serio en este universo que cambia constantemente.  Hay más representaciones alegres cuanto más monótono es lo real.

La obra de Angelina puede ¨flotar¨entre diversas categorías, reflejando así una cualidad de la mente contemporánea.  Parece modelar un espacio con su propio carácter distintivo, espejos empequeñecidos en ¨monos¨ de arcilla.